Varias organizaciones comunitarias del Meta las construyeron para blindarse frente a los actores armados y recuperar la dignidad que la violencia les arrebata.
Indígenas huitotos desplazados que buscan aportar sus conocimientos lingüísticos a los blancos, o los de la etnia Sikuani que garantizan su alimento con granjas integrales, sin perder su identidad, así como mujeres desplazadas que elaboran artesanías para comercializarlas y crear confianza, hacen parte de estas iniciativas.
El padre Omar García, facilitador de la Mesa Humanitaria del Meta, destacó que en corto tiempo se logró tener esas iniciativas de 15 municipios de los 29 del departamento, las cuales quedaron inscritas en el Banco de Iniciativas para hacerles seguimiento e incorporar nuevos.
En los 42 años del conflicto armado, desde que se crearon las Farc en el país, en el Meta nunca se había logrado contabilizar tantas iniciativas de paz construidas por las organizaciones sociales, dijo uno de los expositores.
La importancia de estas organizaciones locales la ha destacado el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en varios documentos, señalado que son un ejemplo de su capacidad para actuar y crear acciones que las blinden frente a los hechos de los actores armados ilegales. Reunir a estos pequeños esfuerzos que juegan un papel estratégico en la búsqueda de la paz en el departamento, se logró la semana pasada durante el encuentro que organizaron la Mesa Humanitaria del Meta y el Programa Redes del PNUD, con el apoyo de la Gobernación del Meta, la Alcaldía de Villavicencio y Corporación Desarrollo para la Paz del Piedemonte Oriental (Cordepaz).
Llano 7 días resume en una pequeña muestra de tres de las 67 iniciativas que fueron presentadas por las organizaciones sociales del departamento del Meta el martes y miércoles de la semana pasada en la plaza Los Libertadores de Villavicencio.
El mundo de los huitotos
Una biblioteca abierta para la investigación es el Centro Cultural Etno Turístico El Manguaré, construido por los indígenas milenarios huitotos, a solo diez minutos de Villavicencio, por la vía a Restrepo.
El original proyecto nació de lucha de esta comunidad por conservar sus tradiciones, tras ser desplazados de Caquetá y Amazonas.
El centro aporta en la construcción del tejido social para fortalecer a los jóvenes indígenas huitotos y dar a conocer su patrimonio cultural a los blancos, aseguró Santiago Cuetgaje, director del Centro Cultural.
En el cabildo hay 51 personas, 14 de ellos maestros, que desde su Centro Cultural luchan por mantener tradiciones como sus danzas, sus artesanías y su alimentación.
Los visitantes reciben conferencias y pueden disfrutar de alimentos como el pez ahumado, acompañado de casabe de almidón.
Santiago asegura que uno de sus anhelos es tener un territorio propio donde vivir.
Para ello están en la tarea de elaborar y vender cien mil 'roba indias', un utensilio elaborado de fibra de palma que tiene una connotación muy importante para los Uitotos. El 'roba indias' es un utensilio que el hombre introduce en uno de los dedos de la mano de la mujer que quiere que sea su esposa. Si logra el objetivo, la mujer está obligada a comprometerse con el hombre.
Artesanas de la paz
Semillas de lulo, tomate, guayaba y acacia, o chochos, caño fisto, totumo, calcetas de plátano y capachos (granos de color) se convierten en pesebres y marcos de cuadros que elaboran 25 mujeres desplazadas y madres cabezas de hogar de El Castillo.
"Estamos agrupadas en la Asociación de Sueños Mujeres del Ariari (Asumar) para rescatar nuestros derechos y trabajar los recursos que tenemos", dijo María Amparo Ferreira.
En El Castillo las fuentes de trabajo son muy pocas, fuera de la alcaldía, donde laboran unas 20 personas, y por ello hay que buscar oportunidades, dice la integrante de Asumar.
La asociación la integraron hace tres años y su primer proyecto fue la elaboración de jabones, pero la falta de apoyo para los moldes frustró la iniciativa.
Ahora esperan comercializar sus pesebres y diversificar la producción y la comercialización de artesanías, en razón a que por ahora solo los venden en El Castillo, pero la idea es llevarlos a otras poblaciones de la región del Ariari o a Villavicencio.
40 granjas para la vida
Producción de variedades de yuca, plátano y auyama hacen parte del proyecto Granja Integral para la Vida que los Wuacoyo, de la comunidad indígena Sikuani, presentaron como su iniciativa colectiva.
La misma nació con 23 jóvenes impulsados por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y se ha multiplicado de tal manera que a solo 20 minutos de Puerto Gaitán hay 40 granjas familiares y por lo menos 350 personas involucradas en el aprendizaje del manejo de las huertas.
Esta iniciativa, aparte del proceso de seguridad alimentaria y nutricional, fortalece el control social y los procesos endógenos de la comunidad, asegura la directora del ICBF regional Meta, Carlota Márquez.
Es sabido que estas comunidades indígenas han sido afectadas por la presencia de los grupos armados ilegales con acciones como el reclutamiento de sus jóvenes.
La iniciativa se enseña a través de las escuelas de los Wuacoyo y es exitosa en la medida en que es el espacio ideal para abordar a los niños con su proyecto de formación en agricultura limpia, agrega la directora del ICBF.
El proyecto les permite desarrollar otras habilidades como el aprovechamiento de una tierra que por sus condiciones de acidez no era apta para sembrar. Además están produciendo abonos y semillas para sus cultivos.
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Por: Periódico EL TIEMPO.LLANO
Volver - Noticias del PNUD - PNUD en los mediosPublicado el 20 de Diciembre de 2006
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