EL TRUEQUE DEL CAMBIO CLIMÁTICO
Más de 400 personas asistieron con una diversidad sorprendente de
alimentos a intercambiar con sus vecinos casi 10 toneladas de
productos. El escenario fue el trigésimo sexto trueque de los Cabildos
indígenas de la zona centro del Cauca que se realizó en Puracé el pasado
19 de agosto.
A las 10 de la mañana llegaron al lugar dos chivas que descargaron las
mercancías y la gente se ubicó en los lugares asignados para cada
Resguardo. A un lado, los de zona fría y, al otro, los de zona cálida.
En medio, una cuerda los separaba simbólicamente, vigilada por la
Guardia Indígena.
El lugar es el corazón de los Andes caucanos y allí la comunidad del Resguardo de Quintana se ha preparado durante una semana para el evento. Las nubes acechan, en la región donde nacen los principales ríos del país, pero dicen los lugareños que el día de trueque no lloverá.
Las guambianas, que vienen por primera vez, van vestidas con sus ropas tradicionales de encantadoras faldas de azul intenso y con un elegante bombín negro. No se separan y comentan entre ellas todo lo que ven en su propia lengua. Observan quién ha venido y qué productos traen. Más tarde comenzarán los acuerdos de canje.
Las chivas llegan de todas partes. La de Paletará se demora todavía un poco más, luego de que se pinchara una de las llantas, anuncia uno de los indígenas. Pero el resto de vehículos empiezan a acomodarse y a descargar sus productos.
Lurdi Güangüe ha asistido a los 36 trueques que se han organizado ya en la zona centro. Ella vive en tierras cálidas, en el resguardo del Alto del Rey y en esta ocasión ha traído plátano, yuca, piña y aguacate. Tiene muchas expectativas de que los compañeros de Paletará vengan con papa pero, en realidad, está dispuesta a cambiarlo por cualquier producto interesante pues ella participa en el trueque por convicción y amor a su pueblo, los coconucos. “Lo que más me gusta son las actividades culturales, almorzar con los compañeros y poder compartir un tiempo juntos”, dice.
Mientras tanto, con cada carro que se asoma, crece la expectativa ante la descarga de fardos, cajas, sacos y bolsas. Lucy Lame, la joven gobernadora de Quintana, el Cabildo anfitrión, cuenta que preparar un trueque no es fácil y requiere de arduos preparativos que van desde preparar el terreno, hasta el almuerzo para los cientos de personas que vienen, los grupos musicales de las veredas que acompañan el evento y la organización del desarrollo de todas las actividades, labor que realiza la Guardia Indígena.
Lucy considera que es parte de una comunidad muy comprometida que participa de manera voluntaria y con ilusión de todas las tareas. “Y, al final, a cada Cabildo solamente le toca una vez al año”.
Este evento, rupestre, social y casi folclórico no ha tenido lugar por casualidad. Tampoco se trata de una costumbre ancestral sino que es una nueva estrategia de los pueblos indígenas para la promoción de la cultura propia, del encuentro entre gentes de regiones vecinas y, por supuesto, del arraigo en su territorio.
Expertos de las Naciones Unidas sostienen que ésta puede ser una de las medidas de adaptación al cambio climático clave para asegurar la seguridad alimentaria de las comunidades rurales de los Andes colombianos.
Se trata de recuperar, adaptada las nuevas condiciones, una bonita tradición. Desde épocas precolombinas, las comunidades indígenas han establecido relaciones de compadrazgo entre familias.
“Estos vínculos se generaban por una razón práctica -relata José Domingo Caldón, líder indígena del Resguardo de Puracé-. Familias que vivían en diferentes alturas en la montaña, establecían compromisos de intercambiarse productos que una y otra producían”.
Según Caldón, es tradición que los mambeadores de Paletará, resguardo de zona fría, consiguiesen la coca en tierras más bajas y cálidas donde sí se producía. Y así con muchos otros productos como naranjas, limones, papa, cebolla, aguacate, plátano, maíz, arveja, uyuco, etc. “Estos vínculos eran fuertes, las familias quedaban ‘atadas’ en términos territoriales y muchas veces incluían el apadrinamiento de niños o niñas e incluso el matrimonio entre hijos para fortalecer unos lazos que eran para la supervivencia”, precisa.
Pero el trueque masivo, como lo practican otros pueblos andinos, en Bolivia por ejemplo, no existía. El Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) reconoció en los años 90 la importancia del trueque como evento socio-cultural, de fomento de la integración en el territorio y la cohesión social.
Se debatió durante años la importancia de promover la evolución de las prácticas tradicionales hacia nuevas formas y generar más vehículos de encuentro de las comunidades. Y así fue como varios líderes de los Cabildos de la zona centro del Cauca, empezaron desde 2001 a organizar trueques masivos comunitarios. Hoy día se hacen cada dos meses.
“Las Naciones Unidas, a través de un programa piloto de adaptación al cambio climático, han apoyado la sistematización de estos trueques por los beneficios adicionales que traen en materia de seguridad alimentaria y de intercambio de semillas -explica Carlos Godfrey, técnico de las Naciones Unidas-. El encuentro de familias de diferentes regiones altitudinales hace que la disponibilidad de productos alimenticios aumente de una veintena a más de un centenar. Y eso por no hablar de las posibilidades de acceder a semillas”.
Desde el apoyo de Naciones Unidas, se ha establecido una estrategia para fomentar que se traigan y compartan también semillas y plantas, algunas incluso variedades locales que pocos cultivan ya. Lo más importante: son resistentes a las duras condiciones de clima de las montañas andinas. Son las plantas que se cultivaban comúnmente antes del fomento de la intensificación y el monocultivo con fines comerciales en los 70. Estaban casi perdidas.
La diversidad de cultivos asegura la producción pues hay más posibilidades de que aguante la variabilidad de este clima montañoso, que es además cada vez mayor. Otilio Garcés, reconocido ‘guardián de semillas’ del Resguardo de Puracé, dice que antes la temperatura alcanzaba algunos grados bajo cero en su parcela, pero “ya anda como por los 10ºC”. Un cambio al que es difícil adaptarse tanto para las personas como para los cultivos.
Las comunidades del Cauca ya tienen estrategias para enfrentar el cambio climático y son visiones colectivas y solidarias. La espera no es en balde, mientras llegan todos, ¡que empiece la música!
(textos y fotografías de Piedad Martin, Oficial de Programa de Cambio Climático y Energía PNUD Colombia)
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Publicado el 25 de Agosto de
2010
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